Cuando se imprimen menos libros, formar lectores importa más

Elizabeth Aldazabal

Elizabeth Aldazabal

Gerente de Diseño y Desarrollo de Producto

Cuando se imprimen menos libros, formar lectores importa más

Una de las ideas que más se repitió durante las jornadas profesionales de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires fue esta: hoy se publican más libros, pero se imprimen menos ejemplares. La afirmación apareció en conversaciones con editores, libreros e impresores y resume una transformación que atraviesa actualmente al sector editorial.

La producción editorial argentina continúa siendo diversa. Persisten sellos independientes, se amplían catálogos y se mantiene una tradición especializada en literatura infantil y juvenil. Sin embargo, muchas editoriales trabajan con tirajes cada vez más reducidos y modelos de impresión ajustados a la demanda.

Durante la inauguración de la feria también apareció una preocupación por la disminución del apoyo a políticas culturales vinculadas al libro y la lectura. La discusión no giraba únicamente alrededor del mercado editorial, sino sobre cómo preservar una tradición lectora cuando producir y distribuir libros enfrenta mayores restricciones. Y aun así, la feria sigue convocando a miles de personas y mantiene una presencia cultural significativa.

Mientras recorría los pabellones de la feria, algo llamó mi atención: la presencia constante de grupos escolares. Niños y jóvenes caminaban entre libros, hojeaban páginas, preguntaban y se detenían allí donde algo despertaba curiosidad. Había tiempo para mirar, comparar y elegir, y eso transformaba el recorrido en una experiencia distinta: el libro dejaba de ser únicamente un recurso escolar y comenzaba a asociarse con el interés personal.

Desde la mirada editorial, esa escena tiene un valor profundo. Un libro no alcanza su verdadero sentido cuando se imprime; empieza a adquirirlo cuando encuentra lectores. Por eso, la reducción de tirajes también invita a pensar cómo una sociedad sostiene el vínculo con la lectura y qué espacios sigue generando para acercar a niños y jóvenes al libro.

Las ferias cumplen un papel importante en ese proceso porque permiten que la lectura ocurra fuera de la tarea escolar. Reúnen editoriales, librerías, autores, mediadores de lectura, docentes y familias alrededor de una experiencia compartida. Esa diferencia importa, porque el hábito lector también necesita encuentros reales con los libros, tiempo para recorrerlos y oportunidades para que cada lector construya una relación propia con la lectura.

Como editora, recorrer esta feria deja una reflexión clara: producir libros sigue siendo necesario, pero formar lectores es lo que verdaderamente permite que esos libros permanezcan. También depende de una sociedad que decide mantener espacios donde la lectura continúe formando parte de la vida cotidiana. Porque los libros no permanecen solo por haber sido impresos; permanecen cuando encuentran lectores y cuando existen condiciones para que ese encuentro siga ocurriendo.

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